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Es bien conocido por todos los amantes de los quesos, que el sabor ácido y lácteo del queso combina a la perfección con el sabor dulce de la fruta, tanto si es fresca, como seca o confitada.

Desde el punto de vista organoléptico, existe una razón fundamental para este tipo de conexión; el gusto sabroso de un gran número de quesos franceses necesita la fruta, que contiene mucha agua, para que le aporte equilibrio.

La familia de Azules y Roquefort

Los quesos de pasta azul (Roquefort, Bleu d’Auvergne, Fourme d’Ambert, etc.) combinan muy bien con frutos secos y fruta otoñal –como peras, uvas, manzanas o higos– tanto fresca como en mermelada. No se debe dudar a la hora de probarlos con plátano seco, carne de membrillo o ciruelas pasas.

La familia de pastas blandas

Con los quesos con corteza enmohecida (Camembert o Brie) se puede jugar con frutas de la zona y acompañarlos con trozos de manzana o pera.

La familia de los quesos de cabra y de oveja

A estos quesos les va fenomenal también el sabor de la fruta fresca o de la miel. En otoño se combinan bien con peras, higos (sublimes con queso de cabra, miel y menta desmenuzada) o uva fresca. No hay que dudar, tampoco, a la hora de combinarlos con piel de naranja confitada o mango.


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